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La fábrica de Cuenca cuyos productos deslumbraron a reyes y al mundo

La Real Fábrica de Tapices y Alfombras de Cuenca fue un referente de la industria textil española durante más de 175 años. Fundada en 1780, esta institución marcó un hito en la producción de alfombras y tapices de alta calidad, y transformó la economía y la sociedad conquense

Redacción - Actualizado: 24/2/2025 20:16
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En 1780, en pleno auge de las reformas ilustradas, se fundó la Fábrica de Alfombras y Tapices de Cuenca en el edificio de la antigua Casa de la Moneda, gracias al impulso del obispo Palafox. Este proyecto buscaba modernizar la industria textil de la región y convertirla en un referente nacional. Entre 1786 y 1806, la fábrica fue gestionada por los Cinco Gremios Mayores de Madrid, quienes orientaron la producción hacia la elaboración de paños, sargas y alfombras, dejando los tejidos más simples, como los barraganes, a los talleres artesanales.

La fábrica no solo destacó por la calidad de sus productos, sino también por su impacto social. En su apogeo, llegó a emplear a más de 1.800 personas, entre tejedores, bataneros, hilanderas y otros oficios relacionados. Este crecimiento convirtió a Cuenca en un importante centro textil, impulsando su economía y transformando la vida de sus habitantes.

Fernando VII otorga a la fábrica el título de real

En 1816, el rey Fernando VII visitó la fábrica y, maravillado por la excelencia de su producción, le otorgó el título de Real Fábrica de Tapices y Alfombras. Este reconocimiento marcó un antes y un después en su historia, consolidándola como un referente en la producción de alfombras de alta calidad. Además, en 1832, la fábrica introdujo las primeras máquinas belgas en España, modernizando sus métodos de elaboración y mejorando su competitividad en el mercado.

Tapiz fabricado en Cuenca
Tapiz fabricado en Cuenca

La Real Fábrica de Tapices de Cuenca tuvo un papel destacado en la creación de alfombras y tapices para la Corona española. Según refleja la especialista en artes decorativas Cristina Partearroyo Lacaba en su estudio "Alfombras Españolas", durante el reinado de Carlos IV (1788-1808), se realizaron alfombras con motivos de bodegones y piezas de caza muerta, temas muy apreciados por los monarcas. Estas alfombras estaban destinadas a espacios específicos, como la sala de cenas del rey Carlos IV.

Un ejemplo destacado es una alfombra descrita en el inventario de Fernando VII de 1834, que representaba flores, tigres, canastillas con frutas y un jabalí muerto en el centro. Esta pieza, de 16 1/3 varas de largo por 11 1/2 varas de ancho, costó 10.330,28 reales. Su director, Antonio Marsyglle, presentó una factura de 48.650 reales de vellón, que incluía los bocetos y dibujos necesarios para su fabricación.

Muestra de alfombras y tapices de Cuenca
Muestra de alfombras y tapices de Cuenca

Durante el reinado de Fernando VII (1808-1833), la fábrica continuó produciendo alfombras de gran calidad, como una diseñada en 1825 para el Salón del Trono. Esta alfombra, de 280 metros cuadrados, representaba dos esferas terrestres (Europa y América) rodeadas de adornos dorados, flores y estrellas. Según Partearroyo, esta pieza es un ejemplo del estilo imperio que predominó en la época, caracterizado por su elegancia y simetría.

En constante evolución artística y técnica

Las alfombras de la Real Fábrica de Cuenca reflejaron las tendencias artísticas de cada época. Cristina Partearroyo señala que las piezas de la época de Carlos IV combinaban elementos del barroco clasicista, el rococó dieciochesco y el neoclasicismo, mientras que las del reinado de Fernando VII adoptaron el estilo imperio, influido por el Restauración francés y el Regency inglés.

Sala del Museo Diocesano de Cuenca
Sala del Museo Diocesano de Cuenca

En el reinado de Isabel II (1843-1868), las alfombras adquirieron un estilo más ecléctico, con influencias del Victoriano inglés y el Segundo Imperio francés. Un ejemplo destacado de 1862 es una alfombra con un medallón ovalado sobre fondo blanco, decorada con guirnaldas de flores, roleos y rocallas doradas.

Además, la fábrica fue pionera en la introducción de innovaciones tecnológicas. En 1832, se incorporaron las primeras máquinas belgas en España, lo que permitió mejorar los métodos de elaboración y aumentar la competitividad de la fábrica.

Sin embargo, a pesar de su exitosa vida, la fábrica comenzó a caer en declive a lo largo del siglo XIX debido a cambios económicos y sociales. Finalmente, en 1954, un incendio destruyó el edificio, poniendo fin a 175 años de historia. Este trágico evento marcó la desaparición de una de las instituciones más importantes de Cuenca, dejando un vacío en la industria textil española.

Detalle de alfombra de Cuenca
Detalle de alfombra de Cuenca

Dado que la Real Fábrica de Tapices de Cuenca produjo piezas destinadas a la Corona, es posible que algunas de sus alfombras o tapices formen parte del Patrimonio Nacional y se encuentren almacenadas o expuestas en alguno de los Reales Sitios. Sin embargo, la mayor colección de alfombras y tapices de Cuenca se conserva en el Museo Diocesano de la ciudad, donde se exhiben ejemplos destacados de esta tradición textil que marcó un hito en la historia de la artesanía española.

La Real Fábrica de Tapices de Cuenca dejó una profunda huella, y aún hoy es recordada como un símbolo de innovación, arte y tradición. Su legado perdura en las técnicas artesanales que aún se enseñan en talleres especializados y en las piezas que se conservan en colecciones privadas y museos. Como señala Cristina Partearroyo, las alfombras de Cuenca no solo reflejan la riqueza artística de su tiempo, sino también la capacidad de la industria española para adaptarse a los cambios estilísticos y tecnológicos.

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