El lince ibérico, una de las especies más emblemáticas de la fauna española, continúa su camino hacia la recuperación. Este lunes, dos ejemplares criados en el centro de cría de El Acebuche (Huelva), gestionado por el Organismo Autónomo Parques Nacionales (OAPN), fueron liberados en un cercado de adaptación en Astudillo (Palencia). Virgo y Vuelvepiedras, un macho y una hembra, permanecerán en este espacio entre 20 días y un mes antes de ser soltados al medio natural. Este acto, conocido como "suelta blanda", contó con la presencia de autoridades como el secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán, quien destacó el avance en la recuperación de esta especie que estuvo al borde de la extinción.
En paralelo, Castilla-La Mancha también ha dado un paso importante en la reintroducción del lince ibérico. En la zona de ‘La Veguilla y Sierra Jarameña’ (Cuenca), tres nuevos ejemplares se sumaron a los dos liberados la semana pasada, consolidando esta área como un nuevo núcleo de población estable. Entre los linces liberados se encuentran Valença y Veloz, criados en cautividad, e Ícaro, un macho silvestre trasladado desde Sierra Morena Occidental. En total, serán siete los linces reintroducidos en esta primera fase del proyecto.
La recuperación del lince ibérico es un ejemplo de éxito en la conservación de especies en peligro. En 2002, la población de linces se redujo a menos de 100 ejemplares, pero gracias a los esfuerzos de cría en cautividad y reintroducción, en 2023 se superaron los 2.000 individuos. Este crecimiento no solo es numérico, sino también territorial, con 14 áreas de reproducción confirmadas en España y Portugal, y nuevas zonas de presencia estable en regiones como Murcia, Albacete y Ciudad Real.
El trabajo de los centros de cría en cautividad, como El Acebuche y Zarza de Granadilla (Cáceres), ha sido clave en este proceso. De los 33 linces nacidos en 2024, 21 serán liberados en el medio natural, distribuyéndose en regiones como Castilla y León, Castilla-La Mancha, Murcia, Andalucía y Extremadura. Estas áreas cuentan con condiciones óptimas para la especie, como una alta densidad de conejos, su principal presa, y suficiente cobertura vegetal para refugio.
La implicación de distintos sectores, desde administraciones públicas hasta comunidades locales, ha sido fundamental. En Cuenca, por ejemplo, estudiantes de Las Pedroñeras participaron en el bautizo de uno de los linces, llamado Veloz. Este tipo de iniciativas refuerza la conexión entre la sociedad y la conservación de la biodiversidad.
El lince ibérico, que una vez estuvo al borde de desaparecer, se ha convertido en un símbolo de esperanza y resiliencia. Su recuperación demuestra que, con esfuerzo y compromiso, es posible revertir el impacto humano en la naturaleza y devolver a los ecosistemas una especie que nunca debió desaparecer.